miércoles, 17 de diciembre de 2008

HEREDAD

Las turbias aguas derriten un poco de mi tierra,
y en nombre de su Dios se muestran los colmillos,
agudos, se arrancan la fortuna.


De las alas del cóndor escapa la codicia,
un manojo de arena frente a mis ojos cae,
para que pueda ver,
para que vea,
con ojos de pueblo.


Mi casa,
deshecha estirpe, se agita,
la hoz del corrupto en la curul,
unas sabandijas no contienen carcajadas.


Aquí en mi temerosa tierra,
las hienas bajo hipnosis pierden la risa
al vaivén de el martillo,
que aplasta cada grano de arena,
odres de poder se codean en bataholas.


Y yo aquí, bajo la mano fuerte,
el sagrado corazón,
de tan grande se estalló y no hay mas.
o tal vez nunca hubo.


Afuera miles de palomas juguetean,
justo en frente,
los niños corren en el centro,
y el ave lanza comida para ver volar
un millar de ancianos.


Con mis uñas, destrozo vestigios de honor,
y de las ruinas de casta nace de nuevo
la eterna pregunta,
¿Todavía hay quien sueña en esta
espantosa penumbra?


La respuesta,
es la sonrisa mueca de un mendigo
sentado en la plaza, tomado el sol.

2 comentarios:

Omar Orellana López dijo...

Como siempre, dandonos lo mejor de ti, ese tono especial en cada letra, esa visión tan particular del ser humano.
un abrazo inmenso,
OMAR.

JORGE RAUL dijo...

Todo al parecer indica que nada cambiará sino, empeorará. Pero quedanos sin hacer algo, es someternos. Una poesía en tu estilo lleno de símbolos, me deja la impresión de tu lucha a perder el alma ante lo sombrío y estúpido en que se ha convertido un cargo estatal. Nos mienten y creen que les creemos.Pero aquí estamos, mirando agudamente y aunque el pueblo grite ovacionando el circo, nosotros "hacemos guerra con las flores buenas".
Un abrazo y me siento tan ausente de conformismo como lo expresas.
Saludos.